El peso mexicano se mantiene estable pese al impacto del conflicto geopolítico

Febrero estuvo dominado por un entorno global complejo que impactó los mercados financieros y, en particular, los activos de refugio. En Estados Unidos, la Suprema Corte de Justicia invalidó los aranceles implementados por la administración de Donald Trump en abril del año pasado, generando incertidumbre sobre la dirección futura de la política comercial norteamericana. Si bien el presidente afirmó que cuenta con otros mecanismos legales para mantener sus objetivos arancelarios, este episodio añadió presión sobre el dólar y los mercados de divisas.

Paralelamente, el conflicto en Oriente Medio ha escalado a un nivel crítico tras la ofensiva militar conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán. Los ataques aéreos en territorio iraní desencadenaron represalias inmediatas mediante el lanzamiento de misiles hacia objetivos regionales, exacerbando la aversión al riesgo global. En este contexto, los mercados reaccionaron buscando protección en activos tradicionales como oro y petróleo, y reduciendo su exposición en activos de mayor riesgo.

El impacto de este conflicto sobre los mercados energéticos fue inmediato: el petróleo subió con fuerza, con alzas importantes en el precio del crudo ante los temores de una interrupción en el suministro, dada la importancia estratégica del Estrecho de Ormuz para el comercio mundial de hidrocarburos.

En este entorno de incertidumbre, el dólar estadounidense mostró un avance frente a la mayoría de las monedas de países desarrollados, impulsado por la búsqueda de activos considerados de refugio. No obstante, el peso mexicano exhibió relativa estabilidad, cotizando en torno a 17.33 pesos por dólar, y beneficiándose de la percepción de menor riesgo relativo y de diferenciales de tasas y fundamentos sólidos en México. Estimamos que, en el corto plazo, el tipo de cambio se mantenga dentro del rango técnico entre 17.10 y 17.50 pesos por dólar, donde se concentran niveles de soporte y resistencia observados en las últimas sesiones.

En el frente local, las minutas de política monetaria del Banco de México mostraron que la mayoría de los miembros de la Junta estaría dispuesta a reiniciar los recortes en la tasa de interés si las presiones inflacionarias derivadas de los cambios fiscales permanecen contenidas en los próximos meses. Esta postura sugiere una estrategia prudente que busca equilibrar estímulo y estabilidad de precios antes de retomar ajustes a la baja.

Por otro lado, el INEGI dio a conocer las cifras finales del PIB de 2025, que mostraron que la economía mexicana creció 0.6% durante el año, una ligera revisión al alza desde la estimación preliminar de 0.5%. Este resultado fue impulsado por actividades agropecuarias (+4.2%) y por el sector comercio y servicios (+1.3%), mientras que las actividades industriales reportaron una contracción de -1.3%, reflejando la heterogeneidad en la dinámica productiva del país. En adelante, estimamos que comercio y servicios continúen como motores clave del crecimiento, con un posible impulso adicional ligado a eventos globales como el Mundial, y una recuperación progresiva de la industria, por lo que mantenemos nuestra proyección de crecimiento para 2026 en 1.6%.

Hacia los próximos días, los mercados estarán atentos a la publicación de indicadores oportunos de actividad manufacturera y de servicios en Estados Unidos, así como al reporte de creación de empleo de febrero, que será clave para evaluar la fortaleza del mercado laboral en ese país y su implicación para la trayectoria de la política monetaria de la Fed.

– Actinver Análisis.